Los cambios en ese ultimo año habían sido considerables, primero dejar mi Sevilla natal para terminar en la capital en casa de mi abuela paterna, la cual también venia del sur de un pueblo de Huelva. Mi abuelo paterno era camionero y había fallecido en un accidente de trafico, tras quedarse dormido, transportando mercancía, su camión se salio por un precipicio, los 8 hermanos aún vivos de mi padre, se sentaban a hablar en la mesa de aquel cuarto de estar lleno de fotos y adornos absurdos, de los que luego mi abuela se quejaba, porque le tocaba limpiar el polvo.
Madrid era diferente a Sevilla en muchas cosas, mis amigos no estaban, mis patios donde perderme y soñar estaban lejanos , allí solo tenía la visión de las vías del tranvía y un puente que asomaba a un rió que nada tenia que ver con el Guadalquivir.
La torre del Oro la había cambiado por una enorme Puerta que veía de lejos y era también lo más lejos que me dejaban ir sola. Una cuesta para arriba y para abajo. A veces veía a los obreros en el tranvía bajar por aquel lugar, pensé que si se ese vehículo se salia de nuevo, como ocurrió años atrás y mi padre relataba, sería un desastre.
Mientras que los meses de ese invierno me alejaban de todo aquello que conocía, conocí a Fernando, era el vecino de la casa de arriba de mi familia, un niño corriente, de una familia normal, recuerdo aquellos pantalones cortos de cuadros, sus zapatos marrones roídos, los jerseis heredados de sus hermanos mayores que le sacaban una mano y su madre le doblaba los puños.
Mi madre y mi padre , escribían sus días en aquel lugar, hablaban de temperaturas muy bajas y de que tenían ya un colegio y el permiso le había confirmado la embajada que lo tendrían lo antes posible, eso me hacia feliz.
Sin embargo mi hermana Francisca, seguía escapándose con todo adolescente que se le cruzaba en el camino, su nuevo novio tenia una vespa, por un instante recordé cuando mi madre le decía que se quedaría embarazada y pude llegar a imaginar a mi abuela con un soponcio y mis padres volviendo de Alemania para hacer que se casara con aquel rubio chulito que tenia moto y era militar.
Cuando necesitaba huir de la casa de mi familia, buscaba a Fernando y nos íbamos al puente a mirar durante horas a la gente pasar, mirando al vació de un rió.
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